dispuesto a matar,
con la espada desenvainada
para en el toro enterrar.
El público emocionado,
el toro alebrestado
y el torero con la espada en mano
mientras su Sevillana lo mira con amor
y con una lágrima mostraba temor
de perderlo en aquella plaza.
Al fín el torero se decide a matar,
el toro se empieza a acercar
recibiendo la muerte por aquella espada de plata.
La audiencia se emociona más
y el torero recibiendo halagos
mira a la mujer sevillana a los ojos
y le demuestra su amor.
Amor taurino,
amor divino
amor que desde el cielo vino,
así es el toreo,
como puede ir bien puede ir mal,
mientras el torero viva
todo estará igual,
él ocupando su lugar en la plaza
y este loco mundo avanza.
Mataor, te están buscando mataor




